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Camila Lobos

Camila Lobos (1988, Santiago de Chile) Licenciada en Arte, Pontificia Universidad Católica de Chile (2012). Entre sus exposiciones colectivas destaca: Tabula Rasa, Casa de la cultura, Municipalidad de Ñuñoa, Santiago, (2009); 20 años de thinkpad, Museo de arte contemporáneo, Santiago, (2012); The skate of the art, Galería 13, Santiago, (2013); Concurso Matilde Pérez, Arte y tecnologías digitales 3.0, Fundación Telefónica, Santiago, (2013); Mar para Bolivia, Municipalidad de Pedro Aguirre Cerda, Santiago, (2010); Concurso ARTEFACTO, Casas de lo Matta, Santiago, (2015). El año 2014 realizó la exposición bipersonal: En búsqueda del agua en Vicente Vargas Estudio, Valparaíso. El año 2012 realizó la exposición individual Impresentable 2 en Sala al cubo, Pontificia Universidad Católica, Santiago y el 2014 la exposición individual: Border en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, La Habana, Cuba. El año 2013 obtuvo el tercer lugar en el Concurso Matilde Pérez, Arte y Tecnologías digitales 3.0 y el 2014 obtuvo el financiamiento del FONDART, del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Chile.

 


¿Cuales fueron tus primeros acercamientos a las artes visuales?

Son súper adultos, de grande, yo nunca pinté. Por ejemplo, en el colegio estaba en el matemático, no tenía nada que ver con el arte y estudié arquitectura dos años en la Chile, y en el segundo año empecé a estudiar teatro y de ahí me di cuenta de que necesitaba algo que lograra mezclar lo que me gustaba de esas dos disciplinas. De la arquitectura me interesaba el espacio, las relaciones humanas y del teatro lo instantáneo, lo que sucede y desaparece.
Me di cuenta que las artes visuales en ese sentido funcionaban, que me permitían trabajar con el espacio y con lo instantáneo.

¿Qué medios utilizas y porque te llaman la atención?

En general los medios que utilizo están en función del trabajo que voy a hacer, no tengo una sola técnica. Pero sí están en función de que la obra de arte sea una interacción entre el espectador y la propuesta del artista, además de cómo la obra se inserta en un espacio y lo modifica. Podría decir que me dedico a la instalación, pero mis obras no son tan matéricas, generalmente, son evanescentes, desaparecen, y por esa misma búsqueda he variado técnicamente. Por ejemplo, con pintura fotoluminiscente, ahora llevo dos años trabajando con proyecciones permanentes que aparecen en el cruce con las sombras de las personas, porque le dan la oscuridad para aparecer.
Pero en la mayorías de mis trabajos aparece el texto, me interesa el lenguaje, la traducción, la cual no es sólo de un idioma a otro, sino que es de una cabeza a otra, entonces con una frase hay muchas opciones de entendimiento.

¿Por qué el interés de lo inmaterial, de lo que no se puede tocar?

Yo creo que partió porque me interesaba el encuentro, por ejemplo, en uno de mis trabajos en el espacio público pensaba “está todo tan contaminado de elementos ¿qué más puedo poner?” Finalmente realicé un reordenamiento de los elementos existentes, entonces al reordenar estos elementos la obra sólo aparece cuando alguien se da cuenta que se modificó del original.
Me interesa generar este tipo de modificaciones y que mis obras aparezcan en el recorrido del espectador, de esta manera, si no hay nadie que pueda descubrirlas, la obra no existe.



¿Como partes tus trabajos?

 Se van sucediendo unos con otros, se van modificando por aprendizaje por la obra anterior.  En función de eso comienzo a investigar, ir en el camino probando materiales, etc.

¿Cuáles son tus referentes?

Me pasa con mis referentes que, me interesan sus temáticas y metodologías, pero a veces su frontalidad me parece demasiado agresiva.
Uno es Luis Camnitzer, arte político duro, quizás las diferencias tienen que ver con las generaciones de distancia, sin embargo, siguen existiendo problemáticas muy similares y la hora de trabajar con este tipo de temáticas, a mi me interesa que el mensaje sea menos directo, o con más capas de lectura, entonces hay más posibilidad de que sea recibido por más personas antes de generar anticuerpos.
Hay un colectivo activista que se llama RTMark que, por ejemplo, en una de sus acciones, cambiaron los voicebox de Barbie por los de G.I. Joe, y viceversa, y los pusieron a circular nuevamente en el mercado. De esta manera, llegaban a las casas de los niños con los mensajes cambiados. Encuentro que insertarse en el circuito en que se están oponiendo, es una estrategia inteligente

¿Cómo se relaciona el espectador con tu obra?

Con el público no tengo muchas concesiones. Si no hay nadie que active mi trabajo, materialmente no existe, pero de ahí que interpreten lo que les invite el texto.
En “Impresentable” al principio las personas no entendían lo que estaba pasando, porque todas las luces estaban prendidas y sólo se veía la sala blanca vacía, creían que era una burla, pero después se apagaron y de a poco el público comenzó a entender. En el fondo son los riesgos que estoy tomando, al igual que las obras del espacio público, que hay gente que no las ve y otras que sí. Eso es lo que me interesa, lo que sucede en el instante. Entonces la posibilidad de planear concesiones con el público no tengo, sino que este controla lo que sucede.

Impresentable

Era una obra que se necesitaba oscuridad para aparecer. En un espacio cerrado cuando no hay luz, el espacio se entiende de manera diferente, el cuerpo está en alerta, puedes chocar. Me interesaba recrear esta sensación. Este trabajo surgió de otro realizado en la vía pública, en el cual inscribí una frase con pintura fotoluminiscente  en las líneas de intersección que se generan entre pastelones, la frase era “Que no vea que estoy pasando”. Me interesaba la invisibilidad que se genera de día de la gente sin hogar, pero que en la noche tienen un protagonismo diferente, por eso también esta pintura. Además elegí este lugar porque hay una gran cantidad indigentes que ha buscado refugio en esa zona, ya que tienen conexión con  diferentes servicios, como la posta central. 
En impresentable escribí “Que no vea que estoy pasando” y “Que no se me acerque”, pensaba en las relaciones entre las personas, por ejemplo cuando hay alguien pidiendo dinero en la calle uno pasa de largo o trata de hacer que no esta viendo, pensaba cuáles son las frases con las que uno invisibiliza a otras personas.

“Border”

En Cuba fui a exponer a la Escuela Nacional de Bellas Artes. La idea original era una intervención en el espacio público con cinco proyecciones cenitales que contenían cada una un fragmento de una cita a Guy Debord. Estas proyecciones iban a aparecer en las sombras de las personas, dependiendo de la posición del sol. Al final me dieron una galería y aunque no me gustó mucho la idea al principio, los resultados fueron súper interesantes. Los cubanos tienen una relación con el cuerpo muy distinta que los chilenos. En la galería la gente empezaba a atrapar las proyecciones con unas postales, (de la exposición), luego se dieron cuenta que no tenían que esperar hasta el suelo y la empezaron a recibir en el cuerpo. Entonces cuando palabras como “lo propio” empiezan a aparecer en el cuerpo es muy diferente y se vuelve súper político, sobre todo en Cuba.



“Nosotros no podemos llamarlos, pero ellos nos llamarán por siempre” (Camila Lobos y Margarita Gómez)

El título es una cita a la obra “Tortura a la Uruguaya" de Luis Camnitzer. Surge de la inquietud por trabajar sobre la resistencia al olvido. Lo que hicimos fue crear una tragedia en la galería BECH, más que el simulacro a la tragedia, nos interesa que el fuego, a pesar de destruir todo, deja huella de su paso, el hollín, y en este sentido, está vinculado a la huella, a la de si mismo. En el recorrido de la obra aparecen citas a escritores hispanohablantes que seleccionamos bajo el criterio de la búsqueda por resistir al olvido y a la total desaparición. Como todo el espacio está contaminado con hollín, los textos son también una resistencia, ya que el humo no logró penetrarlos.

Respecto a la experiencia de trabajar con otro artista, no es nueva para mí. Hace tres años que trabajo constantemente con Laura Vernaza, tenemos algo así como un “colectivo” bipersonal que se llama “sondos”, y ya hemos realizado más de 4 exposiciones, operando de manera similar a ésta vez, construyendo una obra en conjunto. Me parece que es importante lograr hacer vínculos con otros artistas y sobre todo hacerlo interdisciplinariamente, para esto hay que probar y lograr encontrar con quienes trabajar, a veces es necesario, pero a veces no y eso es lo que hay que descubrir, para que tenga sentido el resultado final.

Artefacto 2015

Esta obra trata respecto al imaginario infantil, que es un territorio súper fértil para ingresar cualquier tipo de discurso que se perpetúan hacia la adultez. Empecé a trabajar con la ronda infantil, 21 quemados o el perro judío, (la he escuchado con los dos nombres). En la obra que está expuesta en Artefacto lo que hice fue fragmentar la ronda y escribirla con materiales que pertenecieran a ese imaginario. Cuando yo escuché ese juego, me impacté, porque no era una niña, entonces no parecía tan inocente. Mi tesis era que uno puede disfrazar cualquier discurso utilizando materiales del imaginario infantil, y hacerlo parecer inofensivo, como en la obra.  Pero el texto mirado por gente adulta, revela la violencia. Quizás no sucede así por los niños que pudieran mirarla.