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Martín Kaulen

Martín Kaulen (Santiago de Chile, 1988) Se licencia en Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile el año 2012. Su trabajo está impulsado por su interés en patrones geométricos, formas orgánicas de la naturaleza, la geometría molecular y el arte cinético. Los medios utilizados en su trabajo varían tanto como sus intereses, generando obras multidisciplinarias en donde los aspectos visuales, sonoros e interactivos se conectan para dar forma a su manera particular de ver el mundo. 

 

 A continuación, la entrevista realizada que busca ahondar en sus intereses, prácticas y procesos. 


 

Acerca de la temática de tus obras, ¿cómo la escoges? ¿de dónde surge?

Yo diría que las temáticas van apareciendo por los materiales con los que voy trabajando, más que elegir una temática preconcebida. Durante los últimos años trabajé con bambú, que corresponde a las obras que presenté en Ch.ACO 2013 y 2014. Los trabajos de la exposición actual, que se titula Arbórea, son principalmente hechos con especies de árboles determinadas.

Las ideas van apareciendo a partir de los materiales que voy usando. Pero en general, me interesa el arte cinético, el geométrico y cómo poder usar materiales del espacio cotidiano para insertarlo en la producción artística. 

En la exposición actual, hay dos series que se formulan a partir de materiales encontrados en desuso. La gente corta árboles en sus casas, los bota y yo llego a buscarlos. 

Globalmente me interesan las referencias desde el ámbito de la ciencia, sobre todo cómo se construyen las moléculas y los átomos. Utilizo esos patrones de construcción para llevarlos a una escala más grande en una obra.

¿Cómo llegas a la geometría a través de elementos orgánicos?

Hace mucho tiempo me empezó a interesar el arte geométrico, lo modular. Fue a partir de los posters de los años 60’, que son psicodélicos, llenos de figuritas y distintos elementos. Después empecé a pintar, pero me di cuenta que no me gustaba tanto trabajar con ideas preconcebidas, sino que buscar un punto en el que el material me diera la forma y yo tuviera que interpretarla. Una especie de trabajo colaborativo con el material.

No llego con un boceto, todo surge a partir de cortes que voy haciendo al material, en lo posible,  mínimos y a partir de eso construir un resultado que sea mayor. 

 

 

¿Referentes en tu trabajo?

Entre los que más me gustan, está el trabajo de Carsten Nicolai. De artistas chilenos, Matilde Pérez, conocí su trabajo cuando ya llevaba un par de años trabajando con geometría y fue como “wow que increíble tener este referente chileno”. 

Para mi exposición actual “Arbórea” en Galería Patricia Ready, un referente fue Juan Downey con su serie de las meditaciones. Fue una serie de trabajos que hizo mientras estaba viviendo con los indígenas Yanomamis en la selva venezolana y todo los días dibujaba lo que él llamaba una meditación. Él también integra muchos patrones de la naturaleza: círculos concéntricos, espirales, geometría.

Me interesa la lectura que ocurre, porque la madera es un material súper cotidiano, pero la idea es reinterpretarla y remezclar la naturaleza. 

¿Qué esperas del espectador cuando ve tus obras?

En estos trabajos pongo en aplicación algunas leyes de la Psicología de la percepción de la Gestalt, tales como la ley de figura y fondo y de continuidad de la forma. 

Algo que me ha interesado comprobar a partir de las composiciones de Arbórea es que el ojo puede fijar la atención en una cosa a la vez, como muestran los ejemplos de la ley de figura y fondo, donde una persona puede ver una copa o dos rostros enfrentándose. Dentro de una obra conviven figuras poligonales como otras más sinuosas de la madera, ambas parte de un mismo todo pero que se fragmenta al momento de inspeccionarlo.

En otros trabajos he realizado arte cinético a partir del horror al vacío, siendo esta la estrategia la más convencional al momento de hacer arte cinético. 

Me interesa que el espectador experimente estos fenómenos de la percepción. Que lo pase bien, sin miedo a decir que el arte también puede ser un espacio de recreación. Independiente de eso, mido la calidad de la obra dependiendo del tiempo que uno le dedica a la obra, por ejemplo vas a un museo y le dedicas 5 segundos a una pero te quedas tres minutos en otra. Me interesa que el tiempo de obra pueda ser mayor. Que haya cosas escondidas que después vayan apareciendo. En el fondo, darle una temporalidad a un objeto que es muy rígido. La gente en general mira y se va, pero la idea es que a partir de esta dualidad y convivencia de formas, un espectador descubra la siguiente suprimiendo momentáneamente la anterior, y así se le otorga una temporalidad.

Cuéntanos sobre tu exposición titulada Drone, que realizaste en Galería Stuart Contemporary el 2012. 

Esta instalación fue mi examen de grado de la Licenciatura en Artes de La Universidad Católica. La exposición fue el primer premio del concurso New Technologies 2012, organizado por el Área Nuevos Medios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Universidad Finis Terrae y la galería.

Realicé 4 esculturas sonoras, que eran un encuentro entre escultura e instrumentos de cuerda,  las cuales en conjunto construían una armonía que se tejía a partir de su interacción en el espacio sonoro. El nombre de la exposición hacía alusión a su funcionamiento sostenido y cíclico, que en la convivencia de las esculturas creaba una atmosfera de sonidos más bien aleatorios pero continuos. Con la repetición me interesaba que se perdiera un poco la noción de temporalidad, al no tener eventos individuales con los cuales medir el paso del tiempo.

Ganaste el concurso entre Cha.Co y Finlandia en el 2014, premio que incluía una residencia. ¿Qué trabajos realizaste?

Postulé mediante un proyecto para realizar una residencia en el Centro de Arte y Nuevos Medios (ZKM) de Karlsruhe, Alemania, el cual fue recibido y guiado Ljiljiana Fruk, una curadora que es doctora en nanopartículas,  inmersa en la escena artística y científica. El proyecto fue bien específico, consistía en comparar mosaicos islámicos con patrones de estructuras moleculares y atómicas. Esto con el objetivo de poner sobre la mesa las coincidencias entre lo que ha hecho el ser humano y lo que se descubre en naturaleza.

Fue increíble porque tuve acceso a laboratorios (cristalografía, nanotecnología) y tuve reuniones con muchos científicos para presentarles el proyecto y mostrarles imágenes de mosaicos que ellos iban relacionando con estructuras con que trabajan, incluso algunas que recién estaban desarrollando. Para ellos era muy extraño que un artista les hiciera tantas preguntas.

Entonces la respuesta de un científico fue "por qué te impresiona tanto que hayan tantos hexágonos, cuadrados y triángulos si en el fondo no hay muchas formas de construir en tres dimensiones". Aquella respuesta fue bien interesante porque al final ellos trabajan con formas bien básicas que después van complejizando. Es esta naturaleza constructiva la que me inspira. 

En los dos meses del viaje (un mes de residencia y un mes de viaje previo fotografiando mosaicos en Marruecos y Turquía) pude contraponer el imaginario de la ciencia con el imaginario artístico y ver que al final nuestra realidad y nuestra forma de construir están determinadas por estas formas básicas.

 

 

Trabajaste este año (2015) en el Laboratorio Eigengrau junto a Javier Toro, quien también crea a través del tema de la percepción. En el laboratorio hiciste “La máquina de los sueños”, ¿En qué consistía ese trabajo? y ¿cómo fue trabajar en esa residencia?

Fue súper enriquecedor, por la instancia en que todo giraba en torno al fenómeno de la percepción y por el apoyo e interés de Javier por profundizar en esta materia tan subjetiva.

El proyecto que hice fue para reproducir “La máquina de los sueños” o Dreamachine, que fue un invento que hizo el artista Brion Gysin junto con el científico Ian Sommerville. Ellos hicieron esta máquina que funcionaba a partir de luz intermitente, generando imágenes a ojos cerrados, conocidas como fosfenos. La idea de esta residencia fue reconstruir el dispositivo e invitar a las personas a que dibujaran lo visto, utilizando la experiencia individual como recurso de una investigación colectiva, para ver qué formas se repiten, cuáles son únicas en las personas y cómo esto se transmite entre nosotros.

La máquina original consistía en un objeto escultórico readymade a partir de un tocadiscos, un cilindro ranurado y una ampolleta. Yo agregué a esto un vinilo con música mía que tenía la particularidad de utilizar un canal cerrado (locked groove), que reproduce una canción continuamente. Con esto, le agregué la dimensión sonora mediante de audífonos o parlantes y una estructura metálica que soporta el conjunto.  Entonces es una canción eterna, y la visión se va transformando con la música, que también está compuesta por capas que van cambiando a medida que se escucha. 

Esa residencia fue un sólido referente para la concepción de esta exposición (“Arbórea“ en Galería Patricia Ready). Muchas cosas surgieron a partir de la naturaleza de las visiones que tenía la gente y también de las mías. Fue bien interesante hacer un trabajo colaborativo con el espectador. Sobre todo en un nivel instintivo, sin forzar a las personas. Las imágenes del sistema perceptivo surgen a partir de la conexión entre los nervios del ojo y el lóbulo occipital del cerebro (donde se procesa lo visual) y uno no es que vea imágenes sino que ve su propio aparato perceptor, hackeando o interviniendo el sistema visual humano con otro propósito.

Además de las visitas guiadas hice una performance en que invité a las personas a experimentar con la máquina mientras yo tocaba música, lo que era una especie de viaje dirigido. 

Cuéntanos de tu última exposición Arbórea, en la Galería Patricia Ready (2015).

Las composiciones y esculturas que conforman la exposición Arbórea son el resultado de una investigación en torno a los diferentes formatos en que se puede obtener un material, en este caso la madera, con su palestra de cortes industriales, así como su uso desde el estado original del árbol. 

El corte perpendicular al largo del tronco, que es poco común ya que tiene menor resistencia estructural, deja al descubierto la estructura interna de la madera, poseedora de una geometría en base a anillos concéntricos. Estos patrones, que presentan una simetría radial, que también se pueden encontrar en diversas manifestaciones de la naturaleza, donde tanto lo órganico y lo inorgánico comparten constantes geométricas.

A partir de distintos cortes sobre la madera se generan cuadrados, círculos o semicírculos, utilizados como módulos con que se realizan composiciones que transitan desde lo bidimensional hacia lo tridimensional, interpretando las características gráficas, pictóricas y volumétricas del material al momento de agrupar y construir.

Desde esta matriz de trabajo, pretendo articular un lenguaje formal Arbóreo en que dialoguen tanto la capacidad de abstracción de la mente humana como las constantes geométricas de las especies vegetales. 

La estética de lo natural es reinterpretada bajo la perspectiva del arte cinético, teniendo como referentes la Psicología de la forma de la Gestalt, así como la autonomía de los signos y la geometría en el post-concretismo latinoamericano.

La gestualidad de la mano y las formas premeditadas son sustituidas por un pensamiento geométrico-abstracto que organiza y dispone el material de acorde a sus propias posibilidades y limitaciones. La composiciones surgen a partir del quehacer y el juego de probar distintas combinaciones, las cuales van ocurriendo en un amplio espectro de posibilidades y que van siendo fijadas.