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Javier Otero

Javier Otero Artista Visual. Licenciado en Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Su trabajo se desarrolla en torno a la obra de arte como sistema de interconexión de objetos o ideas. Además teniendo presente el concepto de juego, donde està presente su investigación sobre ejercicios de poder, convenciones y normas sociales. Temas que trata a través de la instalación escultórica y dibujo de diagramas.


Juguemos en el bosque.

 ¿Cómo abordas desde tu obra los sistemas de conexiones que creas?

Me he enfocado en la propia necesidad de las cosas. Mi tarea está en los objetos, entonces mi búsqueda es cómo poder conectar los objetos de la mejor manera posible. Al principio cuando estaba en la universidad me dedicaba a hacer tanto máquinas funcionales como no funcionales, pero al final, en ese proceso de invención, me di cuenta que todo se basaba en un asunto que giraba en torno a la necesidad de relaciones entre las cosas,  por ejemplo: necesito que “esto” esté tres centímetros más arriba, podía ser una tabla, o lo que fuese que diera esa altura; y después un brazo que le saliera y que sostuviera otro elemento. En ese sentido surge una espontaneidad de la urgencia, que los mismos objetos van encausando, sino que una necesidad por las mismas cosas. Ahí nació esta concatenación de sistemas que se puede apreciar en mis trabajos.

¿Pero al mismo tiempo son como cosas disfuncionales?

No necesariamente son disfuncionales, la primera máquina que hice surgió a partir de algo personal. Mientras duermo, hablo mucho, entonces empecé a grabar eso todas las noches, dejaba la grabadora corriendo y después me metía al computador a escuchar qué decía. Los surrealistas trabajaban con los sueños, con lo onírico, pero al final ellos eran súper consientes del proceso que estaban haciendo. Ya que al llevar el sueño a la escultura o a la pintura, al final lo manipulaban. 

Yo quería que ese registro fuera lo menos manipulado posible y que se viera el resultado en una imagen. Entonces lo que hice fue llevar mi voz a vibraciones, mediante un amplificador de sonido, eso hacía vibrar agua y el agua hacía patrones, los cuales los proyectaba a través de una luz. Todo era análogo como una retroproyección, parecido a un trabajo que expuse en Espacio Vilches (Galería de la Facultad de Artes UC). Pero al final todo giraba en esta necesidad de inventar algo. 

 ¿Ahí parte lo de trabajar con materiales encontrados?

Claro, eso era lo que estaba a la mano, lo que estaba en la casa, lo que estaba en el taller, lo que estaba en la calle. Me dediqué mucho tiempo a buscar objetos, tengo un montón de estos guardados y catalogados, objetos de la calle que los ocupaba en distintos casos. De repente encontraba unos tan bellos, tan especiales o particulares que al final me avoqué a la forma de mostrar estos objetos, que ya no los tenía que intervenir tanto, sino que necesitaba que el aparataje de exposición le hiciera un poco de contrapunto, que el pedestal o lo que lo estuviera sosteniendo fuera algo muy bien hecho, versus este objeto muy precario, solo para resaltar el objeto.

Hemos visto que en tu obra es muy recurrente el juego ¿Cómo en tu obra el espectador es parte de eso?

Empecé a hacer sistemas entre las cosas y me fui dando cuenta que los objetos que utilizo son demasiado personificados. Entonces, por ejemplo, hacia un equipo de objetos, como objetos deportivos y les sacaba una foto como si fueran un equipo real, entonces estaba el gordo, el alto, el flaco, el chico, etc. Entonces este sistema que iba tejiendo era una metáfora del sistema en que estamos inmersos nosotros, como esta gran red de intercomunicaciones en que nos movemos… por ejemplo, las decisiones de los políticos nos afectan directamente a todos y de repente acciones nuestras afectan solo en el eje de nuestros amigos o familia. 

Entonces todas esas interconexiones, vínculos y tramas me llevaron como a la metáfora de la cancha. De cómo en un terreno virgen se establecen reglas, normas, conexiones. Ahí empezó a nacer el juego, de cómo nuestra comunicación social-cultural nos afectamos unos con otros y a través del juego es como un lugar donde las personas se sueltan. El momento del juego es un momento especial separado de la realidad, entonces ese individuo de poder, que en lo cotidiano puede ser un político, en un juego pasa a ser tú. Tú tienes el poder, nos olvidamos de nuestra relación de amistad y nos volvemos jugadores.

También mirando un poco lo Situacionista (vanguardia artística del Siglo XX), de cómo llevar lo lúdico al plano del arte. Por ejemplo, ahora estoy trabajando con Franco Gherardelli en una exposición para reírnos, para dejar la seriedad. La exposición Casa de Fuerza en la Residencia Cancha ha resultado una instancia muy experimental en cuanto a materialidades y resoluciones formales. Para esto el juego es definitivamente el resultado que más me gusta. 

 ¿Cuál es la importancia de los diagramas en el montaje de tus obras?

Siempre he tenido un interés en las cosas más escultóricas, u objetuales. Y la otra, como vengo de la arquitectura, en el plano, lo gráfico y el dibujo técnico. Siempre que hago algo lo dibujo, lo proyecto en una hoja especificando lo que necesito, describiendo paso a paso como voy a hacerlo. 

Hay varias cosas que proyecto que no los puedo hacer, porque son demasiado grandes, caros, etc. Entonces el diagrama es la pieza anterior. En el proceso es súper válido como obra, como para mostrar lo que estás pensando, como un mapa mental.

¿Qué haces en el momento de comenzar una obra?

La fotografía es importante. Actualmente he estado trabajando harto con los mapas, me interesa el paisaje también. El paisaje visto desde distintas formas: como el paisaje de los objetos, el paisaje cotidiano que nos encontramos en la calle, el paisaje de cajón del velador que vas colonizando cosas. La calle es clave, me gusta mucho andar en bicicleta y pasear es lo principal. Por ejemplo ahora para la exposición de Cancha, con Franco nos venimos a trabajar a mi taller, pero siempre vamos a visitar el barrio, caminamos y andamos mirando y así fue como nació lo de María Elena (Residencia realizada en la Salitrera María Elena). Es estar allá, básicamente es el hecho de estar, presenciar lugares, experimentar el paisaje. No soy una persona para nada teórica, me gusta leer poesía, como un pié, un comienzo, algo que abre a la interpretación. 

 ¿Tienes algunos referentes que alimenten tus ideas?

Marcel Duchamp, con los juegos, un clásico, era un genio. Admirable que todo lo conocido lo puso en jaque, entonces es un maestro en ese sentido. 

Mi papá es un gran referente para mí, porque él se dedica a las maquetas de trenes en miniatura, entonces desde chico he estado metido en sus trabajos. Por ejemplo cuando chico le pintaba grafitis en los carritos abandonados y ahí empecé a conocer el trabajo a menor escala. Entonces él me heredó todo el gusto por las miniaturas y los dioramas. 

El haber pasado por arquitectura también es un muy buen referente. Cómo piensan los arquitectos, lo que miran, esa vocación de unir cosas y aglutinar para habitar algo. Creo en la importancia de complementar el arte con otras disciplinas.

¿Y en el colectivo Defacto son dos artistas?

No, somos tres, junto a Paula Solimano y Marco Bizzarri con los que estamos trabajando con varios proyectos. Tuvimos la primera exposición este año en Feria CH.ACO y bueno, ha sido bien nutritivo porque somos personas bien distintas, pero cada uno se avoca muy bien a sus roles y hacemos un buen equipo. 

La línea del colectivo se acerca bastante a lo que trabajo yo, como de reírnos de lo que está pasando. Me pasa que a veces voy a exposiciones y las encuentro súper fomes. Claro, porque si lo piensas “tengo que vender, tengo que vivir de esto. Voy a hacer cuadros o grabados”, todo eso se pone lento, es más de lo mismo siempre. Por eso dejamos de lado las obras de cada uno, o sea, cada uno lo hace de forma personal y los tres preferimos seguir con una línea única como colectivo. 

 ¿Cuál es esa línea?

Queremos hacer algo más o menos mediático. Aprovecharse un poco de las redes sociales, de lo que está pasando, de la mediatización de todo. Desde una figura pública hasta la intervención en un espacio. Creo que hacer ruido es lo que tenemos que hacer todos para echar a andar o revitalizar el arte, porque viene muy de capa caída, hay que soltarse un poco… darle el espacio más relajado que tiene que tener, pero sin dejar de ser serio y prolijo. Debe ser un poco más lúdico.

¿Cómo ha sido tu experiencia en taller Nube?

Es como una mezcla, porque es una inyección de energía ir a hacer clases allí. Yo voy cuatro veces a la semana. Y por otro lado los niños son muy demandantes. Pero ha sido increíble, desde el grupo de trabajo que tenemos, súper activo. Paula y Elena, quienes dirigen el taller, son personas muy dinámicas  que están todo el día planeando nuevas cosas, entonces no terminamos una y ya empiezan las otras.

Todos tenemos cabida en el proceso de creación de Nube, si bien es cierto ellas inician con un pie forzado las actividades, todo el equipo interviene en el proceso de la actividad definitiva. Siempre  estamos contribuyendo  desde nuestro ámbito y por eso estamos elegidos, como por ejemplo yo soy el “artista inventor chasquilla”, el otro es el pintor, otro es más teórico y así. 

Todos desarrollamos roles, por ejemplo en la creación de unidades que empiezan el próximo año a mí me encargan tres unidades. Entonces las tres están pasadas por mi tamiz, todas tienen que ver con máquinas. Ahora lo que hice fue un retroproyector para celulares para los niños, no sé, reutilizar productos tecnológicos rotos o en desuso. Es muy gratificante lo que hacen, que tu propio trabajo se traduzca en los niños. Bueno, después pasa por el filtro pedagógico que aterriza todo eso y lo hace especial para niños. 

¿Nos puedes contar un poco de la exposición que viene ahora en Noviembre?

La exposición que estoy haciendo con Franco Gherardelli, arquitecto, se llamará Casa de Fuerza y será en la Residencia Cancha. Será a raíz de una residencia que hicimos en la salitrera María Elena el año pasado. Esta exposición va a contar con aproximadamente siete juegos de distintos tipos. Desde uno que es un juego inflable, que es una rueda de camión de minería de cuatro metros de diámetro donde cada jugador tiene que mantener inflándose esta cosa para que no se caiga, hasta caballetes hechos de durmientes de las líneas de trenes de allá, que estamos dimensionándolos todos para ocuparlos como tableros y especies de plataformas que sean sostenedores de distintos juegos. La idea es que pasen cosas en distintas escalas. 

La premisa ahí es pasarlo bien.  Que sea una instancia donde puedas meter la mano y no haya una obra de arte intocable. Hay que ir a jugar, reírse, que pasen cosas, que te interpelen, eso es lo que andamos buscando. 

  Mapa de Infiltración.

 

Enero 2016