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María Gabler

María Gabler (1989, Santiago, Chile) Licenciada en Arte, Pontificia Universidad Católica de Chile. Como exposiciones individuales destacan: Lo posible, lo real y lo necesario, Museo de Arte Contemporáneo (Quinta Normal), Santiago, Chile (2012); RUINA, Galería BECH, Santiago, Chile (2011); La Vitrina, Galería Animal, Santiago, Chile (2011). Como exposiciones colectivas destacan:  Presente, Residencia Cancha Santiago, Santiago, Chile (2014); Plantas en una tormenta eléctrica, Galería Macchina, Santiago, (Chile 2014 ); Angstrom, Galería D21, Santiago, Chile (2014);  Artista del Mes/ Artishock, Galería Local, Santiago, Chile (2013); Concurso PREMIO ARTE JOVEN MAVI-MINERA ESCONDIDA- Museo de Artes Visuales, Santiago, Chile (2012); En Medio: Arte y Sociedad, Museo de la Solidaridad Salvador Allende, Santiago, Chile (2012); Umbrales, Galería de Arte Centro de Extensión UC, Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile (2011); Transitorio, Galería CNCA (Consejo Nacional de la Cultura y las Artes), Valparaíso, Chile (2009); Simple: De la fragilidad y lo decorativo, Museo de Artes Decorativas de Santiago, Santiago, Chile (2009);  Lecciones de Oscuridad, Galería Balmaceda Arte Joven, Santiago, Chile (2009 )


https://www.flickr.com/photos/mariagrr


 

María, para partir nos gustaría conversar sobre un trabajo que realizaste en la universidad, tu examen de Escultura II ¿en qué consistía y cómo influyó en tu trabajo actual?

Sí, yo creo que ese fue el primer trabajo que hice que tiene más que ver con lo que hago ahora. Porque en verdad yo en esa época en taller hacía cosas muy distintas, pero en escultura me empecé a interesar más con el espacio y sus objetos, sobre todo en ese ramo con Paula De Solminihac(Profesora Escuela de Arte). En el examen estaba súper complicada con qué hacer, porque el encargo era hacer algo con el espacio. Yo venía trabajando un poco con el tema de transformar la experiencia, que al final es el tema que he seguido trabajando ahora, cómo transformar la experiencia cotidiana... entonces ahí se me ocurrió esto de tapar el pasillo con los objetos que había dentro de la sala y a la vez aprovechar la sala vacía, que tenía dos puertas, para que se usara de pasillo. Esa era la idea, de transformar los espacios; transformar la función de uno en la función del otro… como en un trueque. Por eso era súper importante que fuera esa sala, porque esa sala te permitía hacerle el quite al pasillo donde metí todas las cosas que había dentro del taller.

 



Profundizando en el tema del espacio ¿Cómo te haces cargo de este en tus trabajos?

Se ha hecho súper importante para mi tomar en cuenta las características específicas que tiene cada espacio para trabajar con él. Al final, el trabajo se convierte en algo súper específico, no solamente en el sentido de cómo es el espacio, arquitectónicamente o físicamente hablando, sino que también conceptualmente. 

Por ejemplo, hice una vez una instalación en Galería Animal, que en esa época esta galería tenía un segundo piso, que era la parte “joven”, emergente. Y claro, como que el espacio no tenía mucha identidad, era una terraza. Entonces, la especificidad del espacio en sí no me interesaba tanto, pero sí me interesaba esta cuestión de que era como el lugar cool que como artista emergente uno podía exponer. Entonces, se me ocurrió hacer un trabajo que se llamaba “La vitrina”, haciéndole un guiño a ese lugar, que era como “LA” vitrina. Bueno, el trabajo consistió en dos volúmenes “enfrentados”, hechos de trupán que solamente la cara que se enfrentaba entre ellos tenía vidrio, por lo que uno podía mirar para dentro. Pero la distancia que había entre los dos era de 40 centímetros, entonces, uno se tenía  que meter entremedio para mirar lo que había. Y lo que había dentro eran un montón de maderas que había ido recopilando de trabajos que yo había hecho, de basura que había en el mismo patio trasero de la Galería,  que los artistas dejaban, desechos del arte que los metí todos adentro apoyados en los vidrios. 

La idea era que esta vitrina fallaba en su función de mostrar algo, por lo estrecho del espacio, porque no era un lugar cómodo para mirar. Como que siempre me interesa eso, como que uno al ver la obra se sienta un poco incómodo, eso es algo que siempre me ha llamado la atención.

 Por otro lado, había una cosa súper paradójica, porque estas cajas por fuera estaban lacadas con un negro perfecto, que incluso uno se reflejaba, era como una especie de espejo. Entonces, como que contrastaba mucho esa cuestión como impecable, que además estaban puestos los dos iguales, y después uno se acercaba y miraba el interior...  era como tanta parafernalia para algo tan pobre. Hacer ese contraste me interesaba.

 

 

Se puede observar en tus obras que también hay un trabajo con los objetos

 Siempre me ha interesado el espacio y los objetos que están en el espacio, yo creo que no se pueden separar o analizar de manera independiente, porque al final todas las cosas están influenciadas por donde están, por lo que uno ha aprendido de dónde tienen que estar. O sea, no es lo mismo ver, por ejemplo, un mortero en una cocina que un mortero sacado de contexto en cualquier otra parte. Digo lo del mortero porque en una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), puse un mortero, porque un día estaba en la cocina y vi el mortero y dije “que lindo es”, como forma escultórica, con ojo de artista. Tiene que ver un poco con eso, cómo los objetos pueden tener un carácter súper distinto, dependiendo del contexto donde están.  

Cuando uno separa objeto y espacio empiezan a pasar esas cosas raras, cuando uno saca algo de contexto, uno empieza a extrañarse con las cosas que uno ve. Eso me interesa harto.

Y de las materialidades de estos objetos, o en general. ¿Cómo trabajas? Porque trabajas con muchos materiales.

Sí, tengo como una afición por los materiales sobre todo de construcción. Como que me gustan mucho los materiales de índole más industrial que los materiales que son netamente artísticos. Eso es una cosa de afinidad mía, me atraen esos materiales, porque además me permiten hacer cuestiones más grandes. Como me gusta trabajar ocupando el espacio, me he ido acercando cada vez más a las cosas más de construcción. Ocupe sobre todo mucha madera, también fierros, estos bloques de plumavit, como esas cosas. Porque me permiten trabajar en proyectos a gran escala. También he trabajado con alzaprima, con andamios, tengo algunos proyectos ahí con esas cosas. Yo creo que viene de ahí, de que me gusta trabajar más en grande.

¿Consideras que tu trabajo tiene un carácter minimalista?

Minimalista no sé, o sea, me gusta mucho el minimalismo, lo tomo mucho como punto de partida, como referente. Pero de repente me interesan también otras cosas que se escapan del minimalismo, porque se van a la cosa netamente formal, me empiezan a interesar cosas que tienen que ver también con cuestiones más políticas. Entonces claro, hay gente que puede ver mi trabajo y pensar “no tiene nada de político”, pero yo creo que en cuanto hay una transformación de la experiencia, en el sentido que a mí me interesa transformar la experiencia, que uno se empiece a preguntar un poco por la función de las cosas, por el sentido en que se relacionan los objetos con los espacios, yo creo que eso lleva un poco a una pregunta que tiene que ver con un sentido político. No con un sentido político de contingencia con lo que está pasando en el diario, pero sí en un sentido político que tiene que ver con las connotaciones que uno le da a las cosas, como con los parámetros que uno tiene preestablecidos de lo que son las cosas. Yo creo que al cuestionarse uno las ideas, las ideas que uno tiene como preconcebidas de lo que es el mundo, obviamente entra como en un problema político o social. Ya no estoy hablando solamente de las formas, sino que tiene que ver con algo que va más allá, como con el lenguaje, con el mundo de la ideas de lo que uno tiene de lo que son las cosas.

¿Cómo es tu proceso de trabajo? ¿Cómo partes y cómo continúas?

Primero voy a los lugares, saco fotos, me consigo los planos, para ver las medidas. Me gusta saber bien cómo es el espacio, para que se me vayan ocurriendo ideas de lo que puedo hacer ahí. Me gusta tratar de darle una vuelta de tuerca a la manera en que normalmente uno experimenta en ese espacio en específico. Por ejemplo, para ponerlo en contexto, está el trabajo de la Galería Bech. Cuando fui a ver la galería por primera vez, me llamó la atención que la galería en sí es como un pasillo, de hecho se usa como un pasillo, porque de esa escalera para arriba hay oficinas de gente que trabaja para el área cultural del Banco del Estado. Me interesó que el espacio de la galería no era un espacio pensado para que fuera una galería, sino que era un pasillo. Y empecé a trabajar sobre esa idea, sobre esa idea del tránsito, cómo interrumpir el tránsito, pero al mismo tiempo quise mezclarlo con la arquitectura que tiene, que también llama mucho la atención, porque es súper neoclásica. Al mismo, tiempo me interesaba el contraste, como esa contraposición que había entre esta cuestión de que fueran estos pilares inclinados, que daba como la idea de que se estaban sujetando las paredes, pero todo blanco, impecable. 

Ahora estoy haciendo un proyecto para Matucana 100 que es un galpón, un espacio muy amplio y alto, entonces se me ocurrió trabajar con esa altura del espacio, que son como 10 metros... Uno está acostumbrado que uno entra y ve cosas al nivel de uno, en general el uso común que se le da es el suelo.

 

 

¿Nos podrás contar sobre tu trabajo que realizaste en Residencia Cancha?

Claro, ahí lo que me interesó más, fue que cuando me invitaron a la residencia, me dijeron que era en este edificio patrimonial de estilo neoclásico, pero cuando uno entra, sube la escalera para llegar a donde está la residencia y las características del espacio cambian totalmente, pasa de un neoclásico, a un espacio que es entre una oficina y un hospital como de los años ’80. Una cuestión en que uno cuando está adentro no se imagina por ningún lado que está dentro de una casa patrimonial. O sea, tiene un cielo falso - que eso fue lo que más me fijé - un cielo falso que son como estas planchas de plumavit y entre medio unos paneles de luces de tubos fluorescentes, entonces es muy frío y en verdad tiene muy poco de galería o espacio de arte, porque es una iluminación muy bastarda. 

Como proyecto decidí trabajar con este cielo falso, hacer una escalera ahí mismo, para que en verdad uno pudiera subir y ver lo que había arriba. Y me interesó hacer una escalera que no fuera una escalera de maestro, sino que una escalera que tuviera una tarima, donde en verdad uno se pudiera parar y estar un rato mirando, quería que la escalera funcionara como un espacio para estar, para estar ahí y poderse detener a mirar y a experimentar un poco lo que pasaba. El siguiente paso fue que yo quería de alguna manera iluminar ese espacio, para que se viera lo que, a pesar de estas luces que sí se veían, no se veía, que era la estructura de verdad que tiene ese edificio, que son muros de ladrillo. Si uno iluminaba se veía que todo era de ladrillo, y se veía también arriba las cerchas del espacio, se veían también que había algunas cerchas quemadas, porque parece que en algún momento el edificio se quemó, entonces empezaban a aparecer como detalles de lo que era en verdad ese lugar. Y uno se podía pasar la película de la posible historia que tenía el espacio, entonces mi idea era que fuera un flashazo, que uno se quedara así como con la idea de “Ah… vi unos ladrillo, vi unas maderas”, pero que tampoco te pudieras armar completamente la idea de qué era, para que se mantuviera viva esta ilusión de que no sé lo que estoy viendo. Y finalmente lo que puse fue una luz estroboscópica que producía un efecto extraño, porque no era un flashazo, sino que se tiraba como unos 10 flashazos. 10 flashazos cada un segundo, entonces además de que tú veías poco, que no te lograbas hacer totalmente la idea de lo que había ahí, era un poco perturbador.

 



 

También es fundamental el espectador en la obra que interactúa en esta nueva experiencia con el espacio.

Claro, totalmente. Por eso yo te decía, que una de las cosas que a mí me interesan es que haya experiencia, y para que haya experiencia no solamente disponer ciertos objetos o ciertas estructuras, construcciones o lo que sea en un espacio, sino que necesitas de una persona que ocupe esas cosas. Para mí es súper importante el espectador y lo que pase con las personas que experimentan la obra. Lo que a mí me interesa es ver qué pasa ahí, cómo funciona esa experiencia. Y a veces no funciona como yo quería, pero pasan otras cosas, como lo que te decía, de las personas se pongan a jugar… eso también es interesante, porque abre también otras ideas, otras dimensiones dentro del trabajo.

Para terminar nos gustaría conversar sobre tus referentes ¿a quién sigues o quién te influye? 

No sé si tanto como referente, porque al final son cosas súper distintas las cosas que yo hago a lo que hacen los artistas que me gustan. Pero claro, hay artistas que yo miro que me llaman la atención y que pienso así como que en algún sentido tienen que ver con lo que a mí me gusta. Por ejemplo, está la Doris Salcedo, que fue la que hizo esa grieta enorme en el suelo. Evidentemente ahí además de lo monumental que es el gesto que ella hace, entra una cuestión de la experiencia, más que una obra es una experiencia, porque como obra no es trasladable a otro lugar, no es como un objeto, sino que solamente funciona en ese lugar y la experiencia de ese espacio en específico. Ella me gusta mucho, sus otros trabajos también, pero ese especialmente me gusta mucho. 

 

Plantas en una tormenta eléctrica, Galería Macchina, Santiago. 2014.



Presente, Residencia Cancha Santiago, Santiago, Chile. 2014.