Beatriz Leyton expone "Tramas de lo íntimo" en MNBA

Beatriz Leyton expone "Tramas de lo íntimo" en Museo Nacional de Bellas Artes

Contraponiendo las actuales técnicas de impresión digital con el tejido artesanal de lana, la artista chilena Beatriz Leyton invita a reflexionar sobre experiencias íntimas y vitales en interiores domésticos en la Sala Chile del Museo Nacional de Bellas Artes.

La exposición permanecerá abierta hasta el 22 de marzo 2020

Dirección: José Miguel de la Barra 650, Santiago, Chile.


Fernando Pérez Oyarzun

Director Museo Nacional de Bellas Artes

La obra de Beatriz Leyton que, bajo el nombre de Tramas de lo Íntimo, se expone en la Sala Chile del Museo Nacional de Bellas Artes, es el fruto de su trayectoria artística y su participación en una tradición de la que se nutre y a la que, a su vez, aporta. Formada tanto en la Universidad de Chile como en la Universidad Católica de Chile, Beatriz Leyton participa de esa ya larga línea de trabajo dedicada al cultivo del grabado, que tanta fortuna ha encontrado en Chile. Aparece en su obra, por tanto, algo del rigor de esa disciplina y aún de esa dosis de artesanía que le es propio. Su trayectoria, vinculada a instancias como el Taller de Artes Visuales TAV, dirigido por Francisco Brugnoli, o el Taller 99, fundado por Nemesio Antúnez, relacionan a Beatriz Leyton con instancias que han sido fundamentales de la historia del arte contemporáneo en Chile.

La cuestión del soporte ha estado presente en el arte tal vez desde siempre, pero es contemporáneamente que ha adquirido un rol protagónico.

Ha dejado de ser una base sobre la que se encarna y se hace visible una determinada expresión artística, para constituirse en un elemento integrante de dicho fenómeno. Ello se hace particularmente evidente en las obras que Beatriz Leyton presenta en esta muestra, en las que se combinan el tejido artesanal de lana con la impresión digital. No es ésta solamente una combinación cualquiera entre otras. En ella se contraponen conscientemente las actuales técnicas de reproducción con un soporte natural producido a mano. La propuesta se sitúa así en una de las discusiones centrales de la actualidad, en el que la revalorización de los entornos naturales y de técnicas ancestrales convive con las posibilidades ofrecidas por la tecnología digital. En tal contexto, el trabajo de Beatriz Leyton aparece como la exploración de un ámbito de esperanza.

os del trabajo de Leyton parecen haber estado conectados, desde hace mucho, con su experiencia vital que se expresa en la representación de interiores domésticos. En ellos, la figura del habitante no comparece, pero pareciera que podría hacerlo en cualquier momento. Los espacios que aparecen en sus piezas están, en cambio, habitados por sillas, mesas, alfombras, plantas o artefactos de baño, que aluden a la presencia de ese habitante ausente. Ellos ponen de relieve toda la carga de humanidad escondida en los objetos y particularmente en los de la vida cotidiana. Es como si en estos espacios hubiese la presencia de un tiempo suspendido que, a pesar del rigor de una representación que en ocasiones se sitúa al borde de lo técnico, podría pertenecer a un sueño o a las capas más profundas de la memoria.

La relación entre interior y exterior adquiere protagonismo en algunos de los trabajos de Beatriz Leyton. En ellos se produce una relación casi mágica entre lo natural y lo artificial, lo interior y lo exterior. La cuidadosamente controlada representación de espacios domésticos se confronta así con la imprevisibilidad, lo cambiante y aún con la densidad matérica del paisaje. Así, unos cielos cargados se imponen a topografías apenas aparentes y se infiltran a través de puertas y ventanas, creando escenas misteriosas, inmóviles, en las que la intimidad doméstica se abre a una vastedad inabarcable.

El museo se enorgullece de presentar una exposición con el rigor, la originalidad y la creatividad de Tramas de lo Íntimo. Junto a Beatriz se recibe a una generación y a una tradición artística que, más allá de su indudable originalidad, ella representa.


LA IMAGEN DE LO MINORITARIO Y EL TEJIDO

SOBRE LA OBRA DE BEATRIZ LEYTON

Paulina E. Varas

Primero, una xilografía de un tejido en proceso. Algo que está haciéndose. Un intenso color rojo que nos advierte que el proceso del tejido, el entramado y el cuerpo están acá. Pero como ya veremos no se trata de seres a los que estemos acostumbradas de ver en un escenario cotidiano, el cuerpo no es el de un sujeto en particular, es más bien una singularidad que está-estando presente en cada escena que compone la serie de imágenes que nos presenta la artista Beatriz Leyton. Un cuerpo que está haciéndose de a poco, no es del todo visible, es lo que el tejido quiere advertirnos en la entrada, un tejido haciéndose, es un tipo de procesualidad donde emerge lo minoritario como potencia.

La serie de trabajos gráficos que presenta Beatriz en el Museo Nacional de Bellas Artes en enero de 2020 titulada Tramas de lo íntimo, coexiste con un país cuyo estallido social ha impactado cada lugar posible. Ejercicios sísmicos anteriores que se conectan con los movimientos del presente y que impactan el cuerpo en sus más mínimos gestos. El tiempo de esta exposición es un momento de agitación del ciclo político y social chileno, desde ese lugar la reflexión sobre la producción de una artista puede considerarse en otra intensidad respecto de los acontecimientos con que reverberan en el escenario social. ¿Cómo entonces pensar desde las obras de Beatriz en el clima que vivimos? este momento donde nuestras vulnerabilidades expuestas requieren de nuestro cuerpo, pensamiento y sentires donde las formas de cuidado son vitales, una muestra de artes es una posibilidad para detenernos y fijarnos en aquello que no está evidentemente visible. En medio de ese requerimiento intenso del afuera, todo aquello que esté cerca de lo íntimo es en cierta medida inconmensurable. La cotidianeidad expuesta en estas imágenes, los objetos que están allí “siempre” adquieren otro tono en este momento, ¿Por qué fijarnos en ellos ahora? Pienso en una ética presente en quienes observan y registran la cotidianeidad, aquello que siempre está ahí, aquello con lo que convivimos y que a veces de tanto estar, lo dejamos de ver. Esta ética es un posicionamiento práctico sobre los objetos que nos acompañan en los ciclos vitales, fijarse en su acumulación, disposición, uso, cambios por los diferentes tonos de luz, etc. son en sí mismos maneras de componer y recomponer una subjetividad que está siendo afectada por la existencia de lo visible, invisible o impensado.

 

El Tejido

La serie que nos presenta Beatriz está compuesta de imágenes digitales impresas sobre soportes de tejido de lana blanca. El tejido está realizado manualmente por Beatriz y por encargo a otras personas, ha sido confeccionado con el punto llamado “santa clara” o punto “bobo”. Este punto es el que generalmente utilizan quienes están aprendiendo a tejer. El tejido acá no remite solamente a la manualidad, el tejido es también una forma de pensar. Una forma de estar-haciendo-pensando, un ejemplo de un “estar acá mismo”, una conexión con el presente que puede desestabilizar cualquier pretensión de construcción de verdades absolutas, ya que el estar-tejiendo es en sí una procesualidad cambiante y sinuosa, determinada por quien la va tramando.

Esta trama que nos presenta Beatriz, es a la vez la trama del estar-aprendiendo, un punto que acompaña los procesos de aprendizaje de ese pensamiento contenido en el tejido. Acá no se trata de preguntarnos un qué o un por qué, sino que un cómo, es decir, la manualidad expresada en esta serie es justamente eso; la imagen digital que se imprime toda pulcra y tecnológica sobre la trama de lo vivo, sobre el punto imperfecto de nuestros procesos más íntimos.

La disposición de objetos cotidianos de nuestras vidas, la ausencia aparente de figuras humanas en todas estas imágenes impresas sobre el tejido, crean una relación casi imposible. No hay personas en las imágenes, pero si hay múltiples referentes. Las elecciones de las escenas interiores provienen de dibujos de Beatriz y los paisajes de la colección de diapositivas a color que su padre realizó en Punta Arenas en los años cincuenta y que Beatriz ha utilizado en otras ocasiones en otras obras gráficas. Hay algo ausente, hay algo suspendido, una sensación de frialdad aparente, a simple vista parece que algo falta en la imagen. Pero la rareza de las imágenes reside en esa incomodidad que se presenta en el tejido, desde allí parece emerger lo íntimo en esta serie.

Pienso justo en aquel momento en que la imagen digital se imprime en el tejido, cuando las tintas imprimen el paño tejido, la máquina que hace su trabajo, la máquina que dibuja y emite un sonido monótono, aquel momento de la impresión en el tejido, en que las lanas van absorbiendo la tinta, aquella posibilidad de relación, aquella juntura, enlace, una zona de contacto, una leve succión de tinta del tejido en punto santa clara. Estar-aprendiendo sobre ese tejido, ¿cómo estamos-aprendiendo a vivir nuestras vidas hoy? ¿qué cuerpo es éste? ¿un cuerpo que mancha? sí, pero también: un cuerpo que succiona, un cuerpo que marca, un cuerpo que siente, un cuerpo que espera, un cuerpo que mira, un cuerpo que absorbe, un cuerpo que se mueve, un cuerpo maquínico, un cuerpo acá, un cuerpo ahora, un cuerpo que marcha, un cuerpo que aprende, un cuerpo que desaprende, un cuerpo que limpia, muchos cuerpos posibles en ese intenso gesto de procesualidad constante. Pensar entonces desde ahí, desde la zona de contacto entre el tejido y la tinta de la máquina, ese momento que hace posible la imagen que vemos, puede ser un movimiento para resistir el presente, componer modos de vida que sean constantes espacios intermedios que desestabilicen las representaciones dominantes, el punto que estamos aprendiendo como soporte, de una vida compuesta por una cotidianeidad que se sostiene en base a ese aprendizaje. También componer un texto es como tejer, pensar en la relación de lo que sucede entre el diálogo con una artista, sus imaginarios, sensaciones, ideas y pensamientos entrelazados luego con un texto, se trata de una trama, justamente un entramado de lo íntimo que sale a la superficie. Hay un momento en que coincidimos, las imágenes de Beatriz, los tejidos, las lanas, las ideas, mis letras, mis lanas, y yo misma, en un tipo de zona de contacto que desde la intimidad de cada quien se presenta como posibilidad de vínculo. El estar-tejiendo-pensando puede ser entendido también como aquella “artesanía intelectual” en el trabajo de Silvia Rivera Cusicanqui que “es el manejo sobre la energía emotiva de la memoria: su polivalencia más allá del lamento y la épica, y su capacidad de respeto por las versiones más allá del memorialismo del museo” acá se trata de toda una oralidad como un potencial epistemológico y teórico un ejercicio que promueve la desalienación que le da otros sentidos a la palabra misma. En la práctica y uso del tejido podemos pensar también desde esta perspectiva: una artesanía tejida que establece vínculos que desean crear mundos, formas de resistencia a la ignominia desde lo más íntimo hasta lo más lejos que este impulso nos pueda llevar. Pensar en una vida inseparable de su forma.

Lo Minoritario

Las existencias menores no lo son por su insignificancia, lo menor es pensado como una potencia, un virtual lleno de posibles. Se trata de existencias frágiles, evanescentes, espectrales, sentir su presencia es raro, se trata de una brisa, un halo, una bruma. Este es el análisis que hace el filósofo David Lapoujade de parte del trabajo de Etienne Souriau sobre las existencias virtuales, “todos los modos de existencia dan testimonio de un “arte” específico –arte de aparecer para los fenómenos, arte de mantenerse para las cosas, arte de sustentarse para los imaginarios–, y los virtuales no escapan a una regla. Un “arte” preside la perfección de su manera de ser. Solo que su perfección es ser inacabados; son perfectamente, intrínsecamente inacabados. Esto quiere decir que hay en ellos como una espera o una exigencia de realización” estas existencias están aparte, esperan el arte que pueda hacerlas existir, se trata de todas las artes que sabemos, las artes, la filosofía y las ciencias. Estas existencias inmanentes al mundo que vivimos, son una sugerencia que está en el aire para quien pueda sentirla. “No hay realidad que no esté acompañada de una nube de potencialidades que la sigue como su sombra” estas existencias frágiles deben poder ser percibidas, captar su importancia, entonces antes de pensar en un acto de creación que las instaure, antes de ese proceso hay que sobre todo preguntarse como dice el autor, qué es lo que permite percibirlas.

Una escena común: en una casa una niña realiza una construcción en la mesa del comedor con palitos de madera, bloques de plástico, materiales precarios que se sostienen sobre sí. El padre necesita que “despeje la mesa” para cenar. La niña reclama y llora, el padre le dice “disculpa hija, no había visto que allí había algo’”. Lo que el padre ve en esta escena son los objetos, pero lo que no ve “es el modo de existencia que les es propio bajo el punto de vista” de la niña. Si es el padre quien no puede percibir ese “algo”, como exigir que alguien fuera de ese universo afectivo pueda ser no sólo capaz de percibirlo, sino que de cuidar esas formas. Por ello se insiste que en sí es una ética, una responsabilidad compartida poder preservar ese tipo de seres virtuales como potencia para la vida común. Como señala Lapoujade, para Souriau percibir no es observar “desde afuera un mundo desplegado delante de uno mismo, sino por el contrario entrar en un punto de vista, como cuando uno simpatiza. La percepción es participación.” Se trata entonces de reconocer múltiples formas de vida que resisten, que se reinventan en un contexto que intenta erradicar a las diferentes, a los vulnerables, las frágiles o aquellos todavía inimaginables. Cuidar esas formas implica una defensa por los tipos de existencias que no son parte del repertorio hegemónico, logocéntrico, patriarcal y dominante. Por eso pienso que en cada imagen de nuestra cotidianeidad que Beatriz compone, en cada paisaje que se ve por la ventana, en una cama sin hacer, rincón de la cocina, el comedor, la alfombra de alguna habitación, podrían tener lugar aquellos seres virtuales que podríamos percibir si estamos atentas a aquello que solamente está esbozado, insinuado, sin terminar aparentemente, “la aparición de un abanico de posibilidades, dictadas por algunos rasgos apenas esbozados. Solo que el curso ordinario de la vida no logra mantenerse a la altura de las promesas arquitectónicas que lo virtual deja entrever” este universo paralelo de la imagen es aquella existencia de lo tenue, de lo inacabado, de lo que está haciéndose en la medida que lo percibimos, donde radica una posibilidad para resistir el presente y componer formas subjetivas sensibles a nuestros tiempos.


Paulina E. Varas

Doctora en Historia y Teoría del Arte por la Universidad de Barcelona y Licenciada en Arte por la Universidad de Playa Ancha. Académica e investigadora asociada del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello.

Co-directora de CRAC en Valparaíso, una plataforma de reflexión y acción sobre la ciudad. Es miembro desde 2007 de la Red Conceptualismos del Sur. Ha escrito sobre arte chileno y pensamiento contemporáneo en diversas revistas y publicaciones nacionales e internacionales. En 2018 publica su libro Luz Donoso. El arte y la acción en el presente (editorial Ocholibros) y en 2019 co-edita y es coautora del libro Archivo CADA. Astucia práctica y potencias de lo común. Ha realizado proyectos curatoriales en Chile y en el extranjero. Actualmente desarrolla la investigación colectiva Coordinadoras Culturales (Fondart 2019-2020); Collective creations: art and politics for the present (Prince Claus Fund 2019-2020) y participa del equipo de investigadores de la Red Conceptualismos del Sur para la exposición Giro Gráfico

(MNCARS, 2021).


Beatriz Leyton

Beatriz Leyton nació en Punta Arenas, Chile en 1950. Es Licenciada en Arte con mención en Grabado. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile entre 1971 y 1973, y en la Pontificia Universidad Católica de Chile entre 1974 y 1976. Como parte de su formación de grabadora participó en el Taller de Artes Visuales (TAV) a principios de la década de 1980. Entre los años 1986 y 1997 formó parte del Taller 99, y a la fecha es miembro de la Corporación Cultural Taller 99. Desde 1997 se ha desempeñado como académica en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile. A lo largo de su trayectoria ha participado en más de un centenar de exposiciones individuales y colectivas tanto en Chile como en el extranjero, en las que se incluyen bienales y concursos. Entre sus exposiciones individuales destacan: Arqueología de lo íntimo, Instituto Cultural de Las Condes, 2018; Family Life, Serie II: Oxímoron, Galería Patricia Ready, 2012; Family Life, Museo de Arte Moderno Castagnino + Macro, Rosario, Argentina, 2010; Family Life, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile, 2007. Ritos, Centro Cultural Borges, Buenos Aires, Argentina, 2002; Ritos. Museo Nacional de

Bellas Artes, Santiago, Chile, 2001. Entre los premios obtenidos destaca el Premio Nacional de Grabado Salón Sur, 1994. Sus obras se encuentran en diferentes museos y colecciones privadas. En sus obras ha desarrollado las técnicas de grabado en madera y técnicas experimentales, abordando temas que ofrecen una mirada contemporánea, crítica y nostálgica, sobre la cotidianidad y la vida urbana. Ha destacado por sus innovaciones en los procedimientos que aplica a la xilografía, como resultado de una constante búsqueda en el deseo de superar los límites que condicionan el grabado y que se ajustan a su afán por la síntesis formal. En su actual exposición Tramas de lo íntimo, Leyton experimenta con la impresión digital sobre tejido realizado a mano, mediante los cuales vincula y contrapone la densidad de la trama tejida y el minimalismo de la línea impresa.

Más información www.mnba.cl