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Entrevistas con ex-alumnas(os) / Colomba Reyes conversa con Antonia Maluenda

29 de enero de 2024


"El tabú del mercado. Observaciones locales sobre la compraventa de obras, los estudios universitarios en artes visuales y la sobrevivencia tras el egreso"

Colomba Reyes, estudiante de la licenciatura en arte UC, conversa con Antonia Maluenda, ya titulada de la misma carrera, a partir de Características del mercado primario del arte contemporáneo de Santiago de Chile (2022), texto de egreso de Antonia.

Conversación / Enero de 2024
Edición por Gerardo Pulido  

 

Colomba Reyes: Buenos días, Antonia, un gusto conocerte. ¿Por qué no partes contando cuál fue el tema de tu tesis de pregrado?

Antonia Maluenda: Bueno, llamé al texto Características del mercado primario del arte contemporáneo de Santiago de Chile. Como dice su título, es un estudio del mercado primario del arte actual en nuestro país, es decir, del mercado donde las obras son vendidas por primera vez. Decidí investigar sobre este tema precisamente porque no tenía idea sobre él. Y hacer una tesis (tesina, en realidad) me permitía meterme por completo en un tema, inundarme en él y hasta dormir pensando en él. Consideré que era el momento perfecto para poder aprender todo lo que quizás no pude aprender anteriormente en la carrera.

CR: Tu tesis sería un punto de partida para estudiantes universitarios que no entienden muy bien cómo funciona el mercado, pudiendo así tener una primera aproximación a él. ¿Lo ves así?

AM: Me gusta verla así, tal cual, como una primera aproximación al mercado del arte chileno. Mi aspiración era que la tesina estuviera escrita en simple y que me dijera a mí, y a personas como yo, eso que estábamos buscando en Internet: un resumen del mercado.

En Chile, y esto es una definición muy básica, hablar de mercado es inherentemente hablar de sus fallas y del porqué funciona mal, o del porqué es casi inexistente en nuestro país. Gran parte de mi motivación era entender la frase que algunos de compañeros soltaban de vez en cuando: “no, es que en Chile no hay mercado”. Y yo nunca entendí muy bien a qué se referían. Bueno, haciendo la tesina logré comprender más, que el problema estaba en una falta de demanda muy notoria.

CR: ¿Y qué fuentes encontraste o cuáles fueron tus primeras fuentes? ¿Te topaste con una investigación sobre este tema previa a la tuya?

AM: Tuve la impresión de que en Internet había muy pocas cifras. El problema es que en Chile casi no hay datos del mercado porque, como se considera tan pequeño, no se invierte en obtener números de algo que en realidad es mínimo y que varía muy poco. No existían, cuando hice mi investigación, cifras de ventas, no sé, por ejemplo, por comuna, por territorio, de Santiago me refiero, porque el mercado se concentra casi exclusivamente en la capital. Lo que sí encontré fueron dos tesis de magíster, ambas de la Universidad de Chile. Pero eran textos de alrededor del año 2010, diez años antes de que yo hiciera mi investigación. Durante esa década aparecieron nuevos actores en Chile. Empezaron a aparecer nuevas ferias o surgió un nuevo galerismo chileno, así que creía necesario actualizar la información disponible. La tesina no sé si funciona finalmente como diagnóstico, pero sí como resumen de fallas. De hecho, está ordenada por partes como “inestabilidad”, “informalidad”, “falta de demanda”, pues va explicando gradualmente qué es lo que funciona relativamente mal. 

CR: Antes de continuar, ¿podrías explicar, por ejemplo, la diferencia entre el mercado de arte primario y secundario en Chile?

AM: Claro. El mercado de arte primario lo componen obras que entran al mercado por primera vez, las que no se han vendido antes. Son, al menos en su mayoría, obras de artistas vivos. En cambio, en el mercado secundario se tranzan las obras que ya se han vendido anteriormente (pues fueron parte de una colección o pertenecieron a otra persona).

CR: ¿Y cómo esto se relaciona con la economía informal en Chile, del mercado primario?

AM: El mercado de Chile es muy informal, ya que gran parte de las transacciones que se hacen no son seguidas ni registradas de forma alguna. No se hacen necesariamente dentro de una institución, como en las galerías (primarias) o en los museos. Por ejemplo, las ventas en galerías de arte contemporáneo (concentradas en el sector oriente de Santiago) siguen representando una parte pequeña de todo el arte que se vende anualmente, por fuera de ellas, pues la gran mayoría de los/as artistas se autogestiona y no cuenta con representación. Esto ocurre porque muchas veces un/a artista así lo prefiere y también porque no le queda otra opción.

CR: ¿Entonces la adversidad que aqueja a innumerables artistas se debe también a su propia informalidad?

AM: Yo creo que está todo relacionado. En Chile hay muy poca demanda de obras de arte en comparación a la gran cantidad de artistas que egresan año a año de las escuelas de arte, sumando a ese conjunto artistas que no necesariamente estudiaron arte, pero se dedican a él. Esto se traduce en una falta de representación oficial, porque las galerías no pueden abarcar tanto y, lamentablemente, tampoco pueden asegurar ventas a quienes sí tienen representación, pues los años pasan y los compradores son los mismos coleccionistas de siempre. También hay otro problema: no hablamos de cifras, de datos, de nada concreto, ya que básicamente este conocimiento es intuitivo. Ojo, la mayor parte de esa informalidad no se debe a las ventas autogestionadas sino a la ausencia de cifras por parte de instituciones de ventas que sí pueden y deben generar esa información. Por lo mismo, ningún artista quiere firmar acuerdos de exclusividad y es entendible, pues ninguna galería puede asegurarle ventas, aunque esto se preste para abusos y malentendidos. En general, un compromiso formal no se usa. Los acuerdos son tácitos, como muchas de las cosas en Chile...

CR: ¿Crees que la baja demanda del arte contemporáneo es una falta de conocimiento del público general sobre las artes visuales? ¿Se te ocurre otro factor que podría causar una baja demanda?

AM: Creo que hay varios factores. Quizás el factor más estructural es el tema de una educación deficiente, raíz de varios males en Chile. No existe mucha educación sobre arte contemporáneo a nivel escolar, lo cual es entendible, siendo que no tenemos una educación pública de calidad. En general, en educación, la materia (arte) se ve bastante relegada, pero incluso en establecimientos privados que poseen los recursos. Hoy vemos que el sector de Chile que sí es rico y que sí puede invertir en arte, no lo hace. Esta riqueza concentrada en muy poca gente se gasta en otras cosas. Así, la élite no encuentra valor en el arte contemporáneo, ni siquiera como inversión. Esto mismo lo hablaba con un galerista que entrevisté para mi investigación: la misión por ahora sería lograr, al menos mientras no haya un cambio fundamental en la educación, que las élites chilenas que tienen el dinero suficiente consideren deseable el arte contemporáneo, algo cool, si quieres. Sabemos que esto sucede en otros países que tienen un mercado muy grande, como Inglaterra, Estados Unidos y China, pero ya ocurre en contextos más cercanos y con los que sería más pertinente compararnos, como el peruano y brasileño.

 

Art Basel 2015 en Hong Kong, foto sacada de Creative Commons (autor Wing1990hk)

 

CR: ¿Qué otra tarea y más próxima podría asumirse ahora?

AM: Chile necesita oxigenar su mercado del arte, porque todavía somos un país relativamente pequeño que en el plazo inmediato no va a generar compradores nuevos. Por lo mismo, tenemos que importar compradores que oxigenen este sistema local, que le metan dinero y, por supuesto, interés. Este es el gran desafío de la feria chilena de arte, que traiga o produzca compradores, algo que hasta el momento se ha discutido mucho y que no se ha logrado concretar.

CR: Claro, aprovecho tu comentario para entender más los distintos tipos de agentes, tanto institucionales como no institucionales… 

AM: Creo hay muchos actores en el mercado, algo de lo que no hablo tanto en mi tesina. La comunidad de artistas se ve mayoritariamente obligada a vivir en base a algo que podríamos considerar un actor: los concursos. Un artista tiene que apostar dinero y sobre todo mucho tiempo a un premio o beca que no sabe si se adjudicará, postulación que, casi todas las veces, no es retribuida. Porque, como cualquier persona, todo/a artista necesita subsistir, necesita comida real, no solo alimentarse del prestigio que los concursos proveen. De este modo, en vez de vivir en base a un sueldo o la venta de sus obras, lo hace a partir de concursos que no le permiten costear sus necesidades básicas, pero que lo mantienen activamente en el circuito artístico mientras tiene otro trabajo para sustentarse.

CR: En cuanto a la pandemia o recordando el estallido social en Chile, ¿cómo crees que esos momentos afectaron al mercado?

AM: Hubo un cambio notorio en las galerías. Gran parte de ellas logró digitalizar su oferta, lo que es muy importante, porque no solo como comprador/a, sino meramente como público, puedes ver un repositorio virtual y aprender más sobre cada artista a través de sus páginas web o perfiles de Instagram. Entonces, digitalizaron gran parte de las obras y también abrieron sus modos de venta al formato online, para poder concretar compras a través de internet. Sin embargo, las personas entrevistadas en mi investigación reconocieron que esto no aumentó sus ventas porque, claro, estábamos en una pandemia.

CR: En este mundo cada vez más digital parece muy importante tener una presencia en línea. 

AM: No quiero decir gravísimo, pero es muy crítico no tener esa presencia. Realmente te desconectas del público, cuyo lenguaje es hoy mediado totalmente por lo digital. Vemos tales obras a través de su registro y deseamos asistir a exposiciones por las fotografías que vemos de ellas. Ya no tenemos carteles de las exposiciones en la calle. Revisamos posteos en Instagram.

CR: Yo creo que, claro, cuando las ferias de arte o museos no tienen mucha presencia online, es muy difícil que el público general sepa qué “eventos artísticos” hay. Quizás no se trata necesariamente de una falta de interés, menos de las generaciones más jóvenes respecto a actividades relacionadas con las artes visuales, sino que todavía falta llegar al destinatario correcto para que sí acceda a esa información.

AM: Estoy de acuerdo. Es crucial para todas las instituciones culturales llevar a cabo un trabajo conjunto dentro de sí mismas, realizar una labor no solo de gestión sino también de comunicación. El tema de la publicidad es demasiado importante hoy. Hay gente que no puede ir físicamente a una exposición, sobre todo el público de regiones, y debería poder enterarse de lo que está pasando, poder ver las obras digitalmente, o disponer de charlas y seminarios en línea.

CR: ¿A quiénes entrevistaste en tu investigación y por qué elegiste a esa gente y no a otra? 

AM: Las personas entrevistadas se dividen en dos grupos: galeristas y artistas. Quise tener una visión de ambas partes. Luego, para la tercera sección de la investigación, relativa al mercado del arte en la educación artística, recurrí a estudiantes mediante una encuesta que circunscribí a las licenciaturas en arte de la Universidad de Chile y UC. Lo/as galeristas fueron Patricia Ready, Paul Birke, María Fernanda Pizarro y Nicole Andreu. Lo/as artistas fueron Mónica Bengoa, Voluspa Jarpa, Sebastián Riffo y Josefina Guilisasti.

CR: Cuéntanos qué pudieron aportarte. 

AM: Lo/as entrevistado/a sostuvieron mi tesis, por así decirlo. Porque una cosa es investigar a partir de archivos, revisando artículos y algunas cifras, y otra cosa muy distinta es hablar con alguien que vive o lleva años intentando vivir de ese mercado. De sobrevivir, en realidad. Yo creo que como estudiantes de arte nos cuesta un poco —por lo menos es mi opinión— conversar con la gente sobre esto de forma sincera. Perder un poco la vergüenza y la timidez de vernos ignorantes y hacer preguntas para averiguar. Cuando estudiamos nadie tiene idea de esa gran nebulosa en la cual nos insertaremos cuando egresemos de la carrera, por lo que con mi tesina era muy importante juntar información actual.

CR: En las encuestas que hiciste a estudiantes les preguntabas si se sentían o no preparado/as para poder vivir de su arte y si eso era parte de sus expectativas. Y una razón por la que te metiste en esta investigación fue porque te faltaba información respecto al mercado, a pesar de haber completado casi cuatro años de carrera. Y, efectivamente, a mí, siendo todavía estudiante de la universidad, me pasa que el mercado del arte todavía me resulta un tema muy ajeno, muy lejano.

AM: Ese mismo desconocimiento era comentado entre mis pares de la UC y, cibernéticamente, con estudiantes de la Universidad de Chile, quienes estaban un poco en las mismas. La situación en el fondo evidenciaba que no teníamos idea del entorno profesional al que podríamos o deberíamos insertarnos una vez egresados. Durante el cuarto año de la licenciatura hay un desconocimiento muy grave, lo cual dice mucho de las carreras y de las mallas de artes visuales. Hace poco leí un artículo muy bueno en Artishock que escribió Óscar Santillán, un artista ecuatoriano, que creo resume todo lo que pienso y que —creo—pensamos otros estudiantes, o ex estudiantes de arte. Santillán alude a cómo está planteada la educación artística, especialmente en términos del circuito del mundo del arte y el mercado del arte. Voy a leer un pedazo del artículo: 

“(…) Tengo mucha frustración con el opaco mundo del arte y la manera en que este auto-reproduce su disfuncionalidad. Aunque nadie (al menos nadie que yo conozca) parece saber exactamente cómo funciona el sistema artístico, los análisis críticos que suelen hacerse del mismo están poblados por estereotipos que generan la ilusión de comprensión; así, palabras como ‘neoliberalismo’, ‘patriarcado’, ‘modernidad’ y ‘colonialismo’ parecen explicarlo todo cuando en realidad son términos genéricos, de escala tan macro que poco aportan a aclarar situaciones concretas, o, peor aún, a menudo estos términos aplanan la realidad convirtiéndola en una caricatura dualista de víctimas y villanos” [La educación artística es una estafa (sin estafadores), 2023] 

Bueno, creo que lo que dice Óscar Santillán es que tendemos a repetir cosas que no entendemos realmente, como eso que escuchaba a muchos de mis compañeros: “no hay mercado”. Pero, ¿por qué no hay mercado? Explícamelo. Hagamos un seminario para que nos expliques por qué no hay mercado en Chile. Conversemos. No hay un verdadero zoom in a los problemas que afectan el sistema artístico y que nos permiten comprender cómo funciona. Y cuando Santillán habla de la educación superior artística, plantea que tendemos a volver mucho al “famoso” discurso crítico, a todo lo que está asociado a la producción de obra. Mientras tanto, dejamos fuera cómo es el sistema en el que se inserta dicho discurso crítico. Esto es una idea del artículo, que la educación artística debe considerar en serio (y lo señala textualmente) el destino profesional de sus estudiantes. Me parece que las escuelas de arte en Chile tienen que asumir que sus estudiantes deberán o querrán adoptar otros roles diferentes al de ser artistas para poder encontrar una manera de vivir dignamente en el sistema. Esto significa que van a irse por el camino de la gestión cultural, la teoría del arte, la historia del arte, la mediación, la docencia y muchos otros. Claro, yo sé que aquí no cabe una responsabilidad absoluta de las universidades o de las carreras ligadas a las artes visuales. No se trata de incluir cientos de otras especialidades en las universidades, pero sí de aceptar que hay una desconexión institucional importante. Mientras no se puedan corregir las principales fallas del mercado, la academia deberá asumir el destino profesional de sus estudiantes, para mejorar así la preparación con la que se enfrentarán al mundo laboral.

 


Biografías:

Antonia Maluenda Philippi es Licenciada en Arte UC. Trabajó como asistente de producción en Galería NAC (Chile) y actualmente se encuentra en España cursando el Máster en Historia del Arte y Cultura Visual, dictado en conjunto por la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Madrid y el Museo Reina Sofía. En este último se encuentra realizando una práctica, la cual es parte de sus estudios.

Colomba Reyes Vildósola es alumna recién titulada de la Licenciatura en Arte UC y sigue cursando Estética en la misma universidad, carrera que emprendió en paralelo. Colabora como ayudante en diversos ramos en la UC, incluyendo la asignatura Taller Central (pregrado en Arte), y trabaja como voluntaria en el archivo del Museo Nacional de Bellas Artes de Chile. 

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