Entrevistas con ex-alumnas(os) / María León

17 de agosto de 2021


“Me acuerdo de haber leído en la Historia del Arte de Gombrich, en una de las primeras páginas: "No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas." y pucha que me gusta esa frase, ¡me la tatuaría! Creo que en su simpleza se resume la idea de que, finalmente, el arte es sólo la suma de lo que cada uno de los artistas está haciendo en un momento determinado, que luego se convierte en un algo estudiable.”

En nuestro ciclo de entrevistas a egresados de la EAUC, entrevistamos a María León (Generación 2005) para hablar sobre arte y elitismo, la cultura del tatuaje (oficio que combina con la ilustración naturalista), sus estudios de Magíster con Becas Chile en Nueva York y la importancia de saber poner límites sin ponerse trabas.


ENTREVISTA A María León (artista visual y tatuadora) / Agosto 2021

Por Cristóbal Cea

CC: ¿Cuál era tu visión de la práctica artística mientras estudiabas en la Escuela? ¿Fue cambiando con el tiempo? ¿A qué te querías dedicar en tu último año de carrera?

ML: La verdad es que cuando entré a estudiar arte no tenía una idea muy clara de a que iba. Yo antes de estudiar arte estuve un año en Terapia Ocupacional en la Universidad de Chile y era de esas típicas alumnas del colegio a las que les gustaba un poco de todo: ciencias pero también artes pero también humanidades. Creo que una vez que entre a la UC mi afinidad con las artes estaban más ligadas a los oficios y a la pedagogía -carrera que finalmente estudié, que al arte como manifestación de ideas o un discurso. 
Quería aprender a dibujar y a pintar pero sin conocer realmente lo que significaba la práctica artística como una manera más personal de aproximarse al "Arte" con mayúscula, era muy idealista, e ignorante sobre el enfoque universitario de las artes. 
¡Por suerte me gustó! y empecé a tomar todos los cursos teóricos de historia y estética que pude, fui matea y me leí todos los libros, pinté y dibujé hasta que al final mi práctica se fue desmaterializando hacia la instalación, el cuestionamiento de los espacios y el mercado del arte. Fui ayudante de Rodrigo Galecio, de la Mónica Bengoa y de la Paula de Solminihac mucho tiempo, y creo que esas influencias también ayudaron a mi desarrollo en el mundo de las ideas.
Todo lo anterior lo hice muy metida sólo en mi práctica artística, pero ni idea de lo que iba a vivir una vez fuera: y esa precariedad laboral se convirtió en  parte de la temática de mi obra en el último año.

CC: ¿Cómo era la escena de artes visuales cuando egresaste? ¿Cuáles eran los temas y ambiciones de tu generación?

ML: Recuerdo que había harta acción en ese tiempo: exposiciones y galerías chicas a las que postulábamos sin mucho éxito por no tener experiencia. Estaban super de moda espacios como Concreta de M100, Galería BECH y Galería Die Ecke, e ibamos a todas las inauguraciones a hablar con los colegas, comer y sacarle el rollo a lo contemporáneo; No existían las redes sociales entonces había que ir no más a hacer contactos y presencia para conocer y que te conocieran.
Creo que todos mis compañeros y yo vivíamos en un idealismo super inocente, tratando de postular a todas las convocatorias para empezar a generar currículum pero en un círculo super casero, y mirando a algunos de nuestros profesores que ya estaban en el "circuito" que le llaman. Recién en esa época en la Escuela estaban comenzando los cursos de autogestión por ejemplo, con una incipiente conciencia de que exponer no solo dependía de la obra sino de cómo se habla o se escribe, además de los contactos, el cuerpo de obra y tu capacidad de saber postular a fondos, etc.
¡Para qué hablar de los que teníamos la ambición de ser profesores y estuvimos años aceptando condiciones laborales terribles en el puesto de ayudantes! 
Yo lo pasaba super bien y aprendí un montón por lo que no te podría decir que me arrepiento de haber pasado todos esos años ganando 12 lucas mensuales por curso, pero creo que esas condiciones como ayudante, son un reflejo de lo poco que se valora el trabajo del artista a futuro: una especie de preparación para lo que viene. Algo que me parece que debería cambiar, ojala que ahora sea mejor.
Fui compañera y amiga de la Virginia Donoso que ahora es ilustradora, de Rodrigo Lobos que ahora trabaja en una galeria en NY, del Guillermo Lorca que no terminó y se dedicó de lleno a la pintura y ahora es super trending topic en algunos círculos, amiga de la Fernanda Urrutia que ahora es diseñadora editorial y de cine, de Daniel Sánchez ¡grandísimo pintor! que ahora tiene una marca de ropa, del Diego Lorenzini que es cantante y asi podria seguir nombrando compañeros con los que hicimos proyectos y exposiciones autogestionadas pero que ahora nos dedicamos a cosas totalmente distintas: echando mano a los talentos personales más que por ambiciones de estudiantes de arte, por resilientes y empeñosos. 
Siento que de a poco, tanto yo como varios de mis amigos, nos fuimos dando cuenta de que la preparación como artista visual era, más que un fin, una herramienta que te permite tener la cabeza más abierta y manejar referencias que de otra manera no conocerías, pero un trabajo como para plantarte en el mundo real, no.

Tatuaje con ilustración naturalista. Cortesía de la artista María León.

CC: Estudiaste un Magister en Artes, Educación y Prácticas Comunitarias en Nueva York con la, que en paz descanse, muy prestigiada Beca Chile. Simultáneamente fue acrecentándose tu interés por el tatuaje: ¿cómo se dio este proceso? ¿Tuviste aprehensiones al respecto?

ML: Yo me fui a NY después de haber ejercido como profesora por varios años en colegios y proyectos educativos en donde descubrí que tenía una vocación muy fuerte con la pedagogía y el trabajo comunitario. Mi master trataba sobre estudiar experiencias pedagógicas basadas en la práctica y conocimiento del arte contemporáneo como estrategia educativa. Terminé mi Master súper bien, hice amigos y también decidí quedarme en NY un año más, aprovechando la extensión de Visa todo lo que se pudiera.
Con respecto al tatuaje, yo empecé a tatuar como un hobbie o un oficio que me entretenía y que de pasada me daba algunos ingresos en la comodidad de mi casa-taller en Brooklyn, pero de manera muy muy amateur. Aprendí sola, viendo videos y hablando con amigos que se dedicaban al tattoo y luego por puro empeño y descaro conseguí un trabajo en un Tattoo Parlour en Manhattan, trabajo que fue mi sustento cuando ya había terminado de estudiar y no recibía plata por la beca. 
Creo que en el tiempo que empecé a tatuar fue la primera vez en muchísimo tiempo que volví al taller, a dibujar todo el día y a apreciar el oficio solo por el oficio y la felicidad que me daba aprender cosas nuevas todos los días ¡y además ganaba mucha plata! 
Como explicarte que jamás cuestione lo que estaba aprendiendo como menos arte que lo que había aprendido en la Escuela, porque siempre lo entendí como cosas distintas y no por eso menos importante. 
Lo curioso es que, mirando en retrospectiva, no creo que me hubiese atrevido a dejar mi incipiente carrera como profesora por el tatuaje si me hubiera quedado en Chile: quizá me hubiese entrado esa inseguridad del "arte menor".
Por situaciones personales y luego en la pedagogía, al momento que empecé a tatuar en NY el “Gran Arte” ya no significaba para mi lo que una vez fue y creo que ese reajuste de prioridades me llevó a nunca cuestionar el oficio del tatuaje y la ilustración como algo menor o menos importante que el arte de galería o de mercado. 
Si hay algo que me gusta del arte es la capacidad de exponer ciertas cosas con códigos que como artista entiendo, pero también esa fruición estética la encuentro usando esas mismas herramientas de apreciación viendo una película buena o una serie con buena fotografía, en el cuestionamiento directo de fenómenos sociales y sus respectivos iconos, en la discusión con mis alumnos y amigos o con mi trabajo cuando estoy encerrada en el taller dibujando flores. 
No necesito ya sentirme artista, con el tiempo fui perdiendo ese interés.

CC: En “Plenitud Digital: la Caída de la Cultura de Élite y el Auge de los Nuevos Medios”, Jay David Bolter plantea que desde mediados del siglo 20 vivimos un proceso en donde expresiones vernaculares de cultura -los dibujos animados, el cómic, el hip hop, etc. comparten un mismo plano con la denominada "alta cultura”: ¿estarías de acuerdo con esto?

ML: Estoy de acuerdo en que la popularidad del arte o la alta cultura actualmente está super lejos de los intereses masivos pero eso es un fenómeno que hay que mirar desde lo que le interesa a cada generación también, incluso yo le echaría la culpa a la degradación de la educación desde lo humanista hacia la mirada mercantilista del último siglo. 
Lo que ahora es "clásico o institucional" alguna vez fue rupturista y escandaloso, como los cuadros rechazados del pobre Manet. Y lo mismo pasa con lo que era importante de enseñar a un ser humano para su desarrollo y vida en sociedad: no es lo mismo cuando tienes que entrenar empleados y jefes con estrategias fragmentadas de acuerdo a su clase social, como sucede en la época actual. Entonces la pregunta es, ¿por qué sería relevante enseñar y aprender Arte ahora? Al sistema parece no importarle y es algo que no se va a dar por generación espontánea, no se si me explico.
Por otro lado,¡los códigos del arte contemporáneo son entendidos muchas veces solo por los artistas! entonces es raro quejarse de que nadie te entiende el lenguaje elevado cuando le hablas en chino a todo el mundo. Es como ir a un concierto de música contemporánea y no manejar los conceptos que definen la armonía: ¡cómo va a saber uno lo genial que es un músico que descompone la armonía! Cuando el artista contemporáneo no es comprendido, creo que es responsabilidad de él/ella mismo/a también: las obras de arte contemporáneo que más aprecio son las que presentan niveles o capas y no dependen del texto que las explica sino que solitas permiten distintas entradas, sin la ambición de cambiar vidas ni hacer sentir tonto a nadie.

Imagen cortesía de la artista, María León.

CC: ¿Crees que el tatuaje tiene un rol aquí?

ML: Con el tatuaje no te sabría decir porque no se si es "un arte" en sí mismo o si necesita ser definido como tal para tener la importancia que tiene para mi. A mi me gusta por su dimensión humana, de contacto y de conocimiento directo con otras personas. Disfruto mucho de el privilegio de que mi trabajo sea dibujar e investigar sobre botánica sin estarme preguntando si lo que hago es arte o no. En este sentido, el tattoo si es una expresión de nuestro tiempo (aunque tenga miles de años, ahora es cuando está más de moda) y por lo tanto pertenece al ámbito de la cultura de masas, pero al mismo tiempo hay tantísimos tipos, corrientes, artistas y consumidores que se me hace imposible de clasificar.
De todos modos, no me parece que vaya a morir la cultura con C así que no hay de qué preocuparse, si al final la historia de la humanidad se repite en cado uno de nosotros a medida que nos ponemos más viejos y comenzamos a apreciar el encanto de lo que habíamos rechazado por rebeldía o moda: como cuando más chico te gusta el pop o la electrónica y ya a los 40 te gusta la música clásica y el jazz y el K-pop te parece espantoso, o cuando en la Escuela de Arte desprecias la pintura por mainstream y después te vuelves a enamorar, entonces solita se equilibra la cosa.

CC: El "centro de rehabilitación del arte contemporáneo" -mencionado por Paz Castañeda en un precioso artículo de El Gocerío, es una mordaz crítica a un sistema de arte que pareciera excluir el conocimiento práctico del oficio y por cierto las redes sociales: ¿se puede rehabilitar el arte contemporáneo?


ML:
Es chistoso que me preguntes esto porque ese texto comenzó con una conversación que tuvimos con la Paz medio burlandonos de la Institucionalidad, cuando hicimos juntas el curso de Ilustración Botánica en la Facultad de Geografía UC, con la
Geraldine Mackinon que, dicho sea de paso, tb es ex alumna de la Escuela.
Lo que hablábamos con la Paz eran todas las cosas que habíamos tenido que desaprender una vez egresadas de nuestras escuelas y cómo a medida que uno va teniendo más experiencia en la vida real y laboral, menos te van interesando los vicios y prejuicios de los circuitos del arte: sintiendote mas libre de presiones con respecto al quehacer artístico y entregándote por fin a tareas nobles y desinteresadas sin culpa intelectual.
Me acuerdo de haber leído en la Historia del Arte de Gombrich, en una de las primeras páginas: "No existe, realmente, el Arte. Tan solo hay artistas." y pucha que me gusta esa frase, ¡me la tatuaría! Creo que en su simpleza resume la idea de que al final el arte es sólo la suma de lo que cada uno de los artistas está haciendo en un momento determinado y que luego se convierte en un "algo" estudiable.
Con respecto a esto creo que el arte contemporáneo no necesita cirugía ni rehabilitaciones, los que necesitamos una estadía en esta Clinica de rehabilitación hipotética somos nosotros. El arte contemporáneo se va a rehabilitar cuando los artistas se sinceren con sus propias inquietudes y le pierdan el miedo a hacer lo que realmente quieren hacer, ya sea jugarse la vida para vender sus obras en la una Galería de Arte en Vitacura o pintar platos de cerámica.

CC: ¿crees que estudiar arte influyó en tu práctica como tatuadora?

ML: Totalmente, no sería la obsesiva que soy ahora si no hubiese pasado por la Escuela, o quizá sí. Pero de todas maneras siento que me puedo aproximar de una manera más crítica al tatuaje gracias a la visión que tengo del oficio desde mi práctica "artística" y por eso me inclino más por el tatuaje de autor: donde haces tus propios diseños, tienes una línea particular y trabajas las imágenes para un cliente en específico.
Hoy en día hay un sin fin de tipos de tatuajes y tatuadores aunque desde afuera nos veamos todos iguales. Hay personas que aman el tatuaje porque es un trabajo rentable, otros a los que les importa solo desarrollar una buena técnica según el estilo que eligen, otros que tatúan porque son famosos en redes sociales y así: millones de motivaciones distintas y todas válidas. 
Mi aproximación al tatuaje no es muy distinta a todo lo que hago. Trato de ser matea, tomo en cuenta la historia de la técnica, los referentes, el cruce con la ilustración botánica, el contacto con la gente y otras cosas, pero quiero decir que tatuando no me siento muy distinta a como me sentía de profe, es decir, soy la misma pero haciendo esto otro, que me hace super feliz.

CC: ¿Tu mejor recuerdo de tu tiempo como estudiante en la Escuela de Arte-UC? Se agradece si lo complementas con un juicio crítico...

ML: Lo mejor de la Escuela era estudiar y tener talleres, sentir que uno era super inteligente y después ir a conciertos y obras de teatro que no entendías, todo con tus amigos y sin preocuparte mucho de lo que ibas a hacer más adelante. En fin, vivir en la burbuja del arte y la estética era lindo y agotador. 
Tengo super lindos recuerdos de mi época de estudiante y de ayudante pero como te decía anteriormente, creo que en lo real del currículum las Escuelas deberían hacerse más cargo de preparar a los alumnos para lo que se viene: algo más concreto que te pueda servir como herramienta laboral y no tan solo formativa. Al final lo que más deja son los contactos, las experiencias y la capacidad de pensar de manera más crítica.

CC: Vivimos un momento super ansioso en donde la mecánica golosa de las redes sociales, donde se confunde ocio, trabajo y auto-comodificación no ayuda mucho. En Marzo avisaste que habías llenado tu agenda de tatuajes para el 2021: poniendo un límite claro entre lo que puedes hacer y el tiempo del que dispones: ¿Cómo llegaste a establecer estos límites? ¿tiene algo que ver con establecer una sana relación entre vida y trabajo?

ML: Lo de los límites lo aprendí literalmente a palos. Al principio, en el entusiasmo de ser aprendiz cuando tenía que responderle a un jefe, tuve un periodo en el que me enfermé de tanto trabajar: en jornadas de más de 10 horas diarias sin pausas ni para comer. Eso por un par de días está bien, pero no es una rutina saludable. 
Cuando me independicé y mi trabajo se hizo un poco más conocido, recién pude establecer ciertos límites con respecto a mi agenda y claro: tuve que priorizar la calidad por sobre la cantidad y considerar mi salud física y mental como un "recurso de trabajo", de manera responsable . 
El tatuaje no solo es tatuar, es contener a tu cliente, es escuchar, diseñar y cuidar así que necesito estar al 100 con cada persona, por eso decidí atender solo a un cliente al día y así poder dedicarle todo el tiempo necesario.

Tatuaje con ilustración naturalista. Cortesía de la artista María León.

CC: ¿Qué le recomendarías a quienes acaban de egresar o están a punto de egresar de Arte? unx le tenía miedo a tantas cosas... ¡era un descampado!

ML: ¡Ufff es tan difícil dar consejos! Pero si tuviera la oportunidad de hablar con la María recién egresada hoy, le diría que: 
1 - No acepte tantos trabajos solo por la mención en los créditos, que el trabajo tiene un valor y tiene que aprender a ponerlo desde el principio. 
2 - Que valore lo que hace y que se ponga las pilas desde el primer día en decidir si lo que quiere hacer es darle con la idea de ser artista de galería o entregarse sin miedo a cultivar un oficio o una carrera pedagógica pero así, sin remordimientos ni miedos de lo que los colegas y profes van a pensar. 
3 - Que no se desanime por hacer trabajos de porquería, porque ejercer en esta carrera no es fácil pero teniendo en cuenta que el objetivo es ser feliz, aunque por un tiempo haya que hacer algún sacrificio, finalmente todas las experiencias sirven. Solo hay que tener ojo con los límites.
4 - Que nunca deje de estudiar y aprender para desaprender lo que haya que desaprender.

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